-Al inicio del curso a mis alumnos suelo decirles que «por cálculo estadístico, entre vosotros tiene que haber alguien más inteligente que yo, por tanto debo escucharos». Supone una gran alegría descubrir un talento creativo, comprobar que detrás de un joven hay mucho más de lo que parece. Entonces el trabajo resulta gratificante y fácil; nadie se pone a subir el Everest sin aprovechar cordadas anteriores.[...]
- ¿Qué espera de su futuro?
-Me conservo muy joven por dentro, por tanto seguiré trabajando de acuerdo con las tres condiciones del trabajo humano: que sea libre, creador y que ponga al alcance del pobre lo más bello. El siglo XXI tendría que ser el de la función social de la propiedad intelectual; algo que hoy está haciendo internet. Cuando se inventó la imprenta, los maestros de la Sorbona dijeron, «¿cómo la gente va a aprender sin pedirnos permiso?». La piratería está colaborando en esa la función social, así que, ¿hasta dónde es un robo? Si tuviéramos que pagar derechos de autor a Pitágoras, estábamos listos. En la investigación, si no hay gratuidad y riesgo de aventura, se pierde todo encanto.
¡Qué diferencia!